Vida y obras:
"Todos quieren cambiar el mundo, pero nadie piensa en cambiarse así mismo."
León Tolstoi. Novelista ruso, profundo pensador social y moral, y uno de los más eminentes autores de narrativa realista de todos los tiempos.
Hijo del conde Nokolai Ilich terrateniente, y de María Nikolaievna, princesa Volkonskaia, Tolstoi nació el 28 de agosto de 1828. Su primera infancia transcurrió en Yásnaia Poliana, la propiedad agrícola de su familia, al sur de Moscú.
En 1830 falleció su padre y cuando tenía nueve años, murió su madre. Los hermanos Tolstoi fueron confiados a la tutela de dos tías paternas y en 1841 pasó a vivir con una de ellas en la ciudad de Kazán, en un ambiente religiosos y culto. Recibió educación de tutores franceses y alemanes y a los 16 años entró en la Universidad Kazán, donde cursó estudios de lenguas y leyes.
Influido por los escritos del filósofo francés Jean Jacques Rousseau, fue presa de una creciente insatisfacción hacia sus estudios, y los abandonó en 1847. La Biblia se convirtió en uno de sus libros de cabecera, al igual que las doctrinas de Pushkin y Rousseau, entre otros autores.
Después de un breve y fútil intento por mejorar las condiciones de vida de los siervos de sus tierras, se zambulló en la disipada vida de la alta sociedad aristocrática moscovita, a la que en sus diarios prometió cándidamente reformar.
En 1851, se reunió con su hermano en el Cáucaso, donde su regimiento se encontraba acampado y, tras una breve permanencia, decidió incorporarse también al ejército. En el Cáucaso entró en contacto con los cosacos, que se convertirían en los protagonistas de una de sus mejores novelas cortas, Los cosacos (1863), en la compara el cansancio de la juventud moscovita con el vigor y la vida al aire libre de los cosacos, que representa con simpatía y profundo realismo poético.
Como militar, participó contra los guerrilleros tártaros en los límites del Cáucaso y en la guerra de Crimea, en 1853. Desde su juventud se esforzó por contribuir de manera práctica a la instrucción pública. la idea que inspiró su primer libro Las cuatro épocas del desarrollo es profundamente simbólica. En dicha obra se propuso describir el proceso de formación del carácter del hombre, desde los primeros años, cuando comienza la vida espiritual, hasta la juventud, cuando esa vida ha adquirido su forma definitiva.
En esa época concluyó una obra autobiográfica titulada Infancia (1852), a la que siguieron otras dos, Adolescencia (1854) y Juventud (1856), en las cuales reveló, sin rodeos ni sentimentalismo, una seria de recuerdos de carácter psicológico similares a los de la mayoría de los jóvenes. Estas obras fueron inmediatamente bien acogidas por el público, de igual modo que Sebastopol (1855-1856), tres historias basadas en la guerra de Crimea, que constituyen una soberbia exposición de la horrible realidad de la guerra y una descalificación del falso heroísmo de los mandos militares en contraste con la valentía de los soldados.
Tolstoi regresó a San Petersburgo en 1856 y se sintió atraído por la educación de los campesinos. Durante sus viajes por el extranjero (en 1857 y 1861) visitó escuelas alemanas y francesas y, más tarde, abrió en Yasnaia Poliana centros de trabajo y una escuela para niños campesinos en la que aplicó sus métodos educativos, que anticipaban la educación progresista moderna.
En 1862 se casó con Sonia Andreievna Bers, miembro de una culta familia de Moscú. Durante los años siguientes formó una extensa familia (tuvo quince hijos), administró con éxito sus propiedades y escribió sus dos novelas principales, Guerra y paz (1863-1869) y Ana Karenina (1873-1877).
Guerra y paz, considerada una de las novelas más importantes de la historia de la literatura universal, es una visión épica de la sociedad rusa entre 1805 y 1815, justo antes de la invasión napoleónica. Esta extensa narración, una de las obras maestras del realismo, por la que desfilan 559 personajes, conmemora relevantes batallas militares y retrata a conocidas personalidades históricas, pero es principalmente una crónica de la vida de cinco familias aristocráticas. Los personajes, perfectamente definidos por precisas descripciones físicas y por profundos análisis psicológicos que iluminan sus mundos interiores, muestran la visión que de sí mismos tienen tanto ellos como otros personajes a lo largo del tiempo. La sincera y espontánea Natasha Rosova, una de las más conocidas heroínas de la literatura rusa, que madura y pasa de ser una exuberante adolescente a convertirse en una sólida matrona, encarna el ideal tolstoiano de feminidad. En lo básico, el carácter de Natasha permanece inmutable, aunque a él se le añaden apéndices que conciernen al amor, el matrimonio y los hijos, y simboliza la optimista creencia de Tolstoi en la plenitud de todos los estadios del desarrollo humano.
Confirma los iconoclastas puntos de vista del autor ruso acerca de los procesos históricos, que aparecen expuestos en los capítulos más filosóficos de la novela. Para él, la historia es el resultado de motivaciones anónimas y de acontecimientos personales, en lugar de los grandes eventos públicos promovidos por los líderes nacionales. De Guerra y paz emana una filosofía extremadamente optimista, que atraviesa los horrores de la guerra y la conciencia de los errores de la humanidad, lo que constituye el mensaje principal de la obra, escrita durante un periodo particularmente feliz de su vida.
Entre sus novelas breves, la más importante es Ana Karenina, que constituye una de las mejores novelas psicológicas de la literatura moderna. Ana Karenina es una novela de costumbres de la sociedad rusa cuyo propósito moralizador no prevalece sobre su valor artístico. En ella utiliza los mismos métodos creativos realistas que en sus primeras obras, pero presenta una unidad artística mucho más sólida, y la exuberancia deja paso al pesimismo, pues la protagonista no logra resolver sus conflictos internos. La pasión adúltera que Ana siente por el joven oficinista Vronsky, en la ciudad de San Petersburgo, contrasta fuertemente con la sana unión que existe entre Kitty y Constantin Levin y la plenitud de su vida en el campo.
En su insuperablemente cándida a la vez que sólida Confesión (1882), el autor ruso describe su creciente confusión espiritual, se culpa a sí mismo de llevar una existencia vacía y autosuficiente y emprende una larga búsqueda de valores morales y sociales, que terminó por encontrar en dos principios del Evangelio cristiano: amor hacia los seres humanos y resistencia contra las fuerzas del mal. Recogió estos dos principios y los desarrolló en elocuentes ensayos, como Amo y criado (1894). Desde el centro de la autocrática Rusia de su época, Tolstoi atacó sin temor las desigualdades sociales y las formas coercitivas del gobierno y de las autoridades religiosas, clamó por una liberación de los odios individuales y por la adopción de modelos de vida dictados por la conciencia de cada uno.
En ¿Qué es el arte? (1898), una condena de casi todas las formas de arte, tanto clásicas como modernas, de la que no se salvan ni siquiera sus propias obras, a las que consideró dirigidas exclusivamente a una elite cultural, abogó por un arte inspirado en la moral, en el que el artista comunicara los sentimientos y la conciencia religiosa del pueblo. Estos ensayos didácticos, traducidos a muchas lenguas, ganaron rápidamente numerosos adeptos de distintos países, profesiones e ideologías, muchos de los cuales visitaron Yasnia Poliana en busca de consejos.
Tras esta serie de ensayos, Tolstoi retornó a la narrativa, y escribió numerosos cuentos breves y de carácter edificante, situados en escenarios rurales, que se publicaron reunidos en el volumen Historias para el pueblo (1885). Escribió asimismo otras obras destinadas a lectores cultos, también decididamente moralizantes en cuanto a contenido, pero en las que se permite un mayor espacio para desarrollar su poderosa inventiva. La más conocida de ellas es la narración breve La muerte de Iván Ilich (1886), en la que describe la conversión de un hombre a punto de enfrentarse a su propia muerte. El cuento corto La sonata a Kreutzer (1889) trata de la educación sexual y el matrimonio; la obra teatral El poder y las tinieblas (1888) es una tragedia en la que se ve cómo la avaricia y la lujuria arrastran a la violencia, y su última novela Resurrección (1899), es la historia de la regeneración moral de un noble hasta entonces falto de escrúpulos.
Tolstoi, partidario de la no violencia y de la abolición de la propiedad, fue víctima de la contradicción entre su vida y sus convicciones morales. Profundamente convencido de que la única salvación sólo podría encontrarse en Dios, su misma fe le llevó a rechazar las instituciones y creencias de la iglesia rusa y a fijar como ideal de la vida la pobreza voluntaria y el trabajo manual. Intentó renunciar a sus bienes, pero la resistencia de su familia se lo impidió.
A los 82 años, y cada vez más atormentado por la disparidad entre sus criterios morales y su riqueza material, y por las continuas disputas con su mujer, que se oponía a deshacerse de sus posesiones, Tolstoi, acompañado por su médico y la menor de sus hijas, se marchó de casa a escondidas en medio de la noche. Tres días más tarde, cayó enfermo de neumonía y, el 20 de noviembre de 1910, murió en una remota estación de ferrocarril.
Fue enterrado sin ninguna ceremonia religiosa en una pequeña loma cercana a Yásnaia Poliana, el día 22 de noviembre de 1910. Sus obras han dejado una huella imborrable en la historia de la literatura universal: la profundidad de sus intuiciones humanas y la precisión psicológica en la descripción de sus personajes lo erigen en uno de los pensadores morales más fecundos y más fascinantes de la literatura de todos los tiempos.
En 2001 un biznieto de Tolstoi solicitó a la iglesia ortodoxa rusa la revocación de la excomunión pronunciada contra el escritor ruso en 1901 por la visión del cristianismo que daba en sus obras.
En la actualidad se le considera uno de los escritores con más fuerza moral del siglo XIX.
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