Vida y obras de Ovidio:
No tomes la vida que no puedes dar;
pues todas las cosas tienen el mismo derecho de vivir,
mata criaturas nocivas donde sea pecado salvar;
esta única prerrogativa tenemos;
pero alimenta la vida con comida vegetal,
y rehuye el sabor sacrílego de la sangre.
Publio Ovidio Nasón (en latín Publius Ovidius Naso), poeta romano cuyo talento narrativo, ingenuidad, inteligencia y alegría le han asegurado una enorme popularidad desde su época hasta la actualidad. Famoso por sus obras Ars amandi (Arte de amar), volumen tachado de inmoral sobre el arte de la seducción y Las metamorfosis, obra en verso sobre la mitología de su época. Ha sido el primer autor de la Antigüedad que ha escrito una autobiografía poética, Las tristes, por lo cual resulta complicado desvincular la producción literaria de su propia vida.
Poeta de gran ingenio, agudeza y erudición, Ovidio perteneció a una serie de poetas que no conocieron las guerras civiles que asolaron Roma durante el siglo I a. C. Los antiguos poetas augusteos, como Virgilio y Horacio, con sus valores patrióticos y su estética clasicista, estaban ya muy lejos de la generación de Ovidio, heredero de la estética helenística que representa el gusto por la erudición y por la despreocupación política y social. Junto a los anteriores, es uno de los máximos representantes de la literatura clásica latina.
Nació el 20 de marzo del año 43 a. C. en Sulmona, cerca de Roma, como él mismo dice, en el país de los penignos. Era caballero de rancia estirpe, de cuya antigüedad se sentía orgulloso.
Educado para seguir una carrera política, destacó notablemente en el arte de la retórica, pero su genio era esencialmente poético y dedicó la mayor parte de su tiempo y energía a escribir poesía.
Su padre fue propietario de fincas y murió a los noventa años, poco antes que su madre. Su hermano había nacido exactamente un año antes que él y fue su compañero en los estudios que realizaba en Roma sobre retórica, en un principio para dedicarse al derecho, pero fue dando muestras de sensibilidad poética en detrimento de la elocuencia prosaica requerida en el foro; ahí tuvo como maestros a Arelio Fusco, originario de Asia Menor, y a Porcio Latrón de Hyspania. Compartió con su hermano la vida política hasta los veinte años, edad a la que falleció. A la muerte de su padre, Ovidio se convirtió en heredero de todas las posesiones por lo que pudo vivir sin preocupaciones y viajar a diferentes lugares como Atenas, Asia Menor y Sicilia, donde completó sus estudios, dedicándose ya plenamente a la poesía.
A la edad de treinta años, Ovidio se había casado tres veces y divorciado dos. Se le atribuyen numerosas amantes. Los detalles de sus romances se relatan en Amores, una serie de poemas que hablan de las diversas fases por las que pasaron sus relaciones con una mujer llamada Corina (que probablemente encarna la síntesis de varias figuras femeninas). Su vida privada fue la de un hombre de letras libre de preocupaciones, adinerado y en cierto modo libertino. En Roma, donde residió hasta cumplir los cincuenta años, se relacionó con la sociedad más distinguida de la ciudad, incluido el propio Emperador Augusto.
Se casó muy joven con su primera esposa, pero finalmente fue tachada de «nec digna nec utilis», lo que hace pensar que no pertenecía a su mismo rango social y que no le dio hijos en su corto matrimonio. No se sabe a ciencia cierta a cuál de sus dos primeras esposas se refiere como natural del país de los faliscos. Su segundo matrimonio fue corto también, pero en éste tuvo una hija que le hizo dos veces abuelo en sendos matrimonios. Las noticias sobre su tercera esposa, Fabia, son mucho mayores. Con ella tuvo otra hija y por ella Ovidio sintió gran cariño, una mezcla entre padre y maestro literario.
No obstante su gran fama en la época, un enfrentamiento con el emperador César Augusto en el año 8, le llevaría a un exilio obligado a Tomis (hoy la ciudad de Constanza, en la actual Rumania), una ciudad ubicada en la costa oeste del Mar Negro, donde pasó el resto de sus días, no se sabe a ciencia cierta por qué le exilió; unos dicen que porque estaba presente en ceremonias de adivinación donde se hablaba del destino del emperador, otras por el tono erótico de sus poemas y la última y más probable porque Ovidio tenía conocimiento de los devaneos amorosos de la propia hija del emperador, llamada Julia.
La poesía de Ovidio puede dividirse en sus obras de juventud, sus obras de madurez, y el periodo del exilio en Tomis. Durante su primera época, Ovidio continuó la tradición elegíaca de los poetas Sexto Propercio y Albio Tibulo, a quienes conoció personalmente y admiró. Los Amores son poemas eróticos centrados en el romance con una mujer llamada Corina, que contienen escasos sentimientos auténticos y se caracterizan por su ingenio y su deliberada artificiosidad. También compuso poemas didácticos, entre los que cabe destacar Medicamina faciei, Femineae, un fragmento sobre cosmética, y una retractación en tono burlesco del Ars amatoria, Remedios de amor. El propósito didáctico, los consejos y ejemplos sobre cómo seducir a las mujeres y relacionarse con ellas, se mezcla en estas obras con la anécdota burlesca y un costumbrismo teñido de sátira; a los ojos modernos, más que de amor se trata de erotismo, o incluso de un simple repertorio de anécdotas picantes, aunque debe tenerse en cuenta que lo que en la Antigüedad se entendía por amor se acerca más a lo que hoy llamaríamos erotismo. Por ello, cuando estas obras influyan en el amor cortés trovadoresco (siglo XII), las diferencias serán también notorias.
Medea, una tragedia muy alabada por los críticos antiguos, se ha perdido casi por completo, y sólo se conservan unas líneas. El interés de Ovidio por la mitología se refleja en sus Heroidas o Epistuale Heroidum, veintiuna cartas de amor ficticias, dirigidas por heroínas mitológicas a sus amantes.
Durante esta época Ovidio escribió Las metamorfosis, un largo poema en quince volúmenes que recoge diversas historias y leyendas mitológicas sobre el tema de la metamorfosis o transformación, que fascinó a escritores y artistas de todas las épocas, como Shakespeare, Goethe, Velázquez, Picasso, Haendel o Strauss, habiendo desempeñado un papel fundamental en la fijación de la mitología grecolatina como parte de nuestra cultura.
El poema comienza con la primera gran metamorfosis, la creación del universo, y concluye con la muerte y la deificación de Julio César. Muchas de las historias muestran la relación entre los mortales y los dioses, las consecuencias de la obediencia o la desobediencia, y su posterior recompensa o castigo en una transformación final. Es en esta obra donde los temas presentes en la poesía anterior de Ovidio, el amor y el erotismo, se abordan con mayor profundidad, en un intento de explorar las diversas emociones humanas, y donde el talento narrativo y descriptivo del autor brilla con más fuerza que nunca.
La mitología y la leyenda también son la base de Fastos, la otra gran obra de este periodo intermedio, un calendario poético que describe las diversas fiestas romanas y las leyendas relacionadas con cada una de ellas. De los doce libros que configuraban el proyecto original, uno por cada mes del año, sólo se conservan los seis primeros.
Las obras compuestas durante el exilio están impregnadas de intimismo y melancolía. Entre éstas destacan los Tristes, cinco libros de elegías que relatan su infeliz existencia en Tomis y apelan a la clemencia de Augusto; las Pónticas, cartas poéticas de tono similar a las anteriores; el poema breve Ibis, que contiene una serie de maldiciones para destruir a un enemigo personal, y Haliéutica, un poema del que sólo se conservan algunos fragmentos. La nuez y Consuelo a Livia, se consideran no escritas por el autor. A excepción de Las metamorfosis y Haliéutica, ambas escritas en hexámetro dactílico, toda su poesía está compuesta en pareados elegíacos, un tipo de verso que alcanzó con Ovidio la máxima perfección formal.
No perdió su ciudadanía y nunca abandonó la esperanza de ser repatriado, como manifiesta en los numerosos poemas que escribió, pero sus múltiples intentos para que Augusto le perdonara la pena fueron en vano y el poeta moriría en Tomis (la actual Constanza, en Rumanía) , tras ser nombrado ciudadano de honor de la localidad, en el año 17 a la edad de 60 años.
La popularidad de Ovidio continuó después de su muerte, a pesar de que Augusto retirara sus obras de las bibliotecas públicas. Su influencia fue enorme durante la edad media, tanto en el mundo académico como entre los poetas y trovadores. Cuando se desarrolló en Francia el concepto de amor cortés, la influencia de Ovidio se dejó sentir con fuerza en el Roman de la Rose, el libro que exponía esta filosofía.
La fama de Ovidio creció durante el renacimiento. Francisco Sánchez de las Brozas, el humanista español del siglo XVII, lo tradujo al castellano, aunque Juan Ruiz, el arcipreste de Hita, ya había recogido alguno de sus cuentos en el Libro del buen amor, que Menéndez Pelayo ha visto como una glosa del Arte amatoria. También Ludovico Ariosto y Giovanni Boccaccio, en Italia, y Geoffrey Chaucer y John Gower, en Inglaterra, basaron en los relatos mitológicos de Ovidio gran parte de sus cuentos románticos.
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