Vida y obras de Don Delillo:
Novelista estadounidense. Nació en Nueva York en 1936 y estudió en la Universidad de Fordham. Es autor de las novelas Americana (1971), End Zone (1972), Great Jones Street (1973), Ratner’s Star (1976), Jugadores (1977), Fascinación (1978), Los nombres (1982), Ruido de fondo (1985), Libra (1988), Mao II (1991), Submundo (1997), Body art (2001) y Cosmópolis (2003); de los ensayos En las ruinas del futuro (2002) y Contrapunto (2004); de relatos publicados en diferentes revistas, y de varias obras teatrales.
Su primer libro, Americana (1971), es un relato fantasmagórico de un viaje por carretera que denota la influencia de John Dos Passos, Jack Kerouac y Thomas Pynchon, y señala lo que se convertiría en una constante en toda su obra, como es el funcionamiento mecánico de las psicologías individuales, casi siempre extrañas y patológicas, dentro de modas subculturales específicas integradas a su vez en un marco dinámico de movimientos sociales más amplios.
Con sus obras, este escritor se ha labrado una reputación de primer orden como novelista obsesionado por el lenguaje, sobre todo, y después por la esencia profunda de la sociedad estadounidense, manifestada por un elenco de rasgos poderosos y miméticos, y que, sin embargo, resulta muy difícil de analizar desde dentro. Delillo cree que el único camino válido -o, al menos, no estéril- para acercarse a la vida que le rodea es la novela. Por eso sus argumentos están marcados siempre por la voluntad de búsqueda en el inconsciente de la clase media americana, búsqueda que pasa por la elaboración del lenguaje de sus personajes, por la inmersión en sus fetiches y sus miedos y, finalmente, por una mirada esquinada a la historia reciente de su país.
En la alegórica End Zone (1972), por ejemplo, analiza el lenguaje barroco utilizado por los jugadores de fútbol americano en contraste con la brutalidad del juego. Great Jones Street (1973) desentraña de forma parecida el mundo de la música rock, contrastando su conciencia de aspiración empresarial con la sombría carrera personal del cantante Bucky Wunderlick.
En Jugadores (1977) el tema es el terrorismo, un asunto que en 1977 estaba a la orden del día, si bien no era la bandera de ninguna cruzada ni había golpeado aún la conciencia estadounidense. El mayor mérito de Delillo en esta novela es anticiparse a la historia, en el sentido de dar relevancia a un fenómeno que entonces no quitaba el sueño, ni de lejos, al americano de a pie.
Más tarde, con Ruido de fondo (1985), que estudia las consecuencias de una catástrofe medioambiental en la familia de un profesor especialista en Hitler, se confirmó como uno de los novelistas posmodernos más importantes de Estados Unidos, y desde luego el más ameno. Después escribió Libra (1988), que trata del asesino Lee Harvey Oswald, y Mao II (1991), un brillante análisis de la distorsión de los medios de comunicación y el instinto gregario.
En Body art prodiga unas descripciones muy táctiles, como conviene a la protagonista, Lauren Hartke, una artista que utiliza el cuerpo como forma de expresión. Body art empieza con una frase que va a convertirse en el leitmotiv de la novela: «El tiempo parece transcurrir». La percepción del tiempo en el espacio de una casa alquilada frente a la playa fuera de temporada, tiempo marcado por el suicidio inexplicable de Rey, su marido, ocupa la vida detenida de Lauren. Regresa al lugar donde vivió con el veterano director de cine y se encuentra con los intemporales silencios, pronto rotos por los movimientos de alguien que ronda en el piso superior y que resulta ser un hombrecillo privado del habla inteligible o al menos inteligente. Entre ella y él se establece un diálogo sensorial mientras el tiempo transcurre fuera, o parece transcurrir. Ella quiere que el señor Tuttle le hable de su marido, le traiga de vuelta ese tiempo que pasó con él en la casa, esos momentos de diálogos intrascendentes y rutina inarticulada, de amor encubierto o no expresado («Uno no sabe cómo amar a las personas que ama hasta que éstas desaparecen de pronto»).
Body art podría considerarse una novela sobre la intimidad, una narración de los gestos solemnes o ridículos de una mujer cuando un hecho fundamental detiene su vida y le hace preguntarse quién es en el fondo y qué hace allí.
En un artículo publicado en Harper's Magazine en 2002, En las ruinas del futuro, reflexiona acerca de las consecuencias del 11 de septiembre.
Ha recibido numerosos galardones en Estados Unidos y en el extranjero, incluidos el National Book Award, el PEN/Faulkner Award, el International Fiction Prize del Irish Times, el Premio Jerusalén a la totalidad de su obra literaria y la medalla Howells de la American Academy of Arts and Letters por su novela Submundo.
Su obra, aclamada por público y crítica en todo el mundo, es un referente indispensable. Es, sin lugar a dudas, uno de los escritores norteamericanos más relevantes de la actualidad.
Algo que hay que tener muy en cuenta al leer a Delillo es que su traducción es problemática. Suele trabajar el lenguaje hasta el límite, de tal manera que a veces deja en segundo plano la estructura de sus novelas. Vertida a otras lenguas su prosa pierde fuerza y corre el peligro de hacerse imprecisa o al menos extraña, de lectura no fácil.
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